Este libro no es simplemente una publicación sobre un edificio emblemático de Mendoza, sino una construcción narrativa donde arquitectura, historia y mito se entrelazan. El Pasaje San Martín aparece como un sistema vivo, un territorio ambiguo entre lo cotidiano y lo oculto, que invita a quien lee a dejar de observar para empezar a recorrer.
El corazón del proyecto está en su estructura no lineal. A través de dos índices —uno desde Avenida San Martín y otro desde Peatonal Sarmiento— se propone una lectura activa, donde cada persona puede elegir su propio punto de entrada y construir su recorrido. Esta decisión traslada al libro la experiencia real de habitar el pasaje.
El formato acompaña esta lógica. Elegido por el autor, Orlando Javier Pelichotti es un libro de bolsillo: pensado para llevar, para leer en movimiento, en un recorrido largo del metrotranvía o en una pausa cotidiana. Pequeño, simple y accesible, propone una lectura directa, sin intermediarios, sin distracciones… y sin batería.
Desde el diseño, trabajé con una lógica que dialoga con planos arquitectónicos y cierta idea de blueprint, reforzando la sensación de una obra en constante construcción. La grilla tipográfica, angosta y alta, está inspirada en la verticalidad del edificio, pensado en un contexto donde proyectar en altura era casi una locura, más aún en una provincia sísmica.
En lo tipográfico, el proyecto también busca construir identidad. Si bien el Pasaje tiene una fuerte impronta europea desde su arquitectura, está ubicado en Mendoza, en Argentina, y eso pide ser expresado. Por eso se trabajó con tipografías argentinas: Portada para títulos y tamaños display, Alegreya Sans como base de lectura y Bitter para capitulaciones y cornisas laterales. Esta combinación permite equilibrar carácter, legibilidad y pertenencia.
La lectura incorpora cambios de orientación que generan cierta incomodidad, y es justamente en esa fricción donde aparece algo interesante: quien lee deja de ser pasivo y se convierte en un autor activo del recorrido.
Parte del proceso tuvo que ver con eso. Intenté diseñar sin volver al lugar y me bloqueé. Tuve que levantarme, recorrer nuevamente el pasaje y habitarlo con otra intención. Ahí entendí que, aunque es un espacio que transité durante años, todavía tenía cosas para decir. En ese redescubrimiento pasó algo claro: con la intención de habitarlo, el pasaje terminó habitándome a mí.
El contenido acompaña esta propuesta: relatos que cruzan hitos arquitectónicos, crónicas y misterios, donde el Pasaje se presenta como un espacio que respira, guarda memoria y construye identidad.
Y si bien podría pensarse que tener el tamaño definido por el autor es un problema menos, la realidad es que diseñar en formatos pequeños implica un desafío mayor: asegurar legibilidad, lecturabilidad, darle aire a la composición y, al mismo tiempo, cumplir con una extensión acotada como las 64 páginas del proyecto inicial.
Este proyecto fue una oportunidad para pensar el diseño y el contenido como una sola pieza. Porque el Pasaje San Martín no se lee de una sola manera: se recorre. Es un libro que propone perderse para encontrar sentido.
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